viernes, 3 de septiembre de 2004

Como si fuera Gran Hermano, pero cutre

Hace unos años tuve una experiencia que me gustaría contar porque creo que puede estar de completa actualidad, ya que por una vez sentí lo mismo que imagino que deben vivir los famosos con los ataques de cámaras, micros, videos y ahora hasta con los teléfonos móviles de superultima generación que tienen opciones para todo, desde sacarte una foto mientras haces pis, hasta grabar la conversación que mantienes con ese amigo de copas en el que te refugias cuando las cosas empiezan a ir mal.
En ese tiempo yo trabajaba en uno de esos periódicos de provincias donde suelen llamar corresponsal al que tienen en el pueblo pagándole tres pesetas porque le rellenen una página, aunque sean con tonterías.
Aquel día tocaba la presentación de una de las fiestas locales del pueblo, que se hacía en la capital de la provincia, bueno o en la provincia de al lado, que nunca terminé de enterarme.
Para hacer una presentación rimbombante no se le ocurrió al señor concejal del evento otra cosa que montar a las fuerzas vivas de la ciudad, entiéndase a los presidentes de las asociaciones de vecinos, recreativas, culturales, festivas, deportivas, algunas personalidades locales, vamos a los VIP de allí y a los medios informativos y meterlos a las ocho de la mañana en un par de autobuses y llevarlos a la localidad de la presentación.
Allí llegamos a eso de las diez de la mañana, con mas hambre que un caracol en la vela de un barco, porque a los organizadores no se les ocurrió darnos en el camino mas que una copita de moscatel y a mi me pareció un poco cateto y un tanto provocadora la idea que en un principio surgió en mi mente de llevarme un bocadillo de tortilla. ¿Qué es una excursión que se precie sin una buena tortilla de patatas?. Más me hubiese valido haberlo llevado. Claro que me ocurren esas cosas por querer representar el papel de fino, que además ni me corresponde ni me pega nada.
A la una del día era la recepción en el Ayuntamiento donde se presentaba el cartel y las fiestas en cuestión y allí si hubo algo mas de comer, sobre todo canapé de todo a cien, que es lo que suelen dar casi todos los ayuntamientos en sus actos protocolarios, aunque luego los del catering los cobren por todo a mil.
Antes de las dos de la tarde había acabado el acto de presentación, pero no las sorpresas porque ya nos habían informado que la vuelta la realizaríamos en barco. Pero en barco en plan crucero, es que entonces estaba muy de moda lo del barco del amor, es decir que nos metieron en un barco a las dos de la tarde y nos recorrimos el río hasta llegar a la ciudad de origen, haciendo la travesía en cinco horas, con lo cual uno termina hasta el mismísimo gorro de tan ideal paisaje, de tanto canapé repetido, tanto baile por sevillanas, porque ¿qué es un buen viaje de cinco o seis horas en barco en Andalucía sin su grupito de sevillanas que lo anime?, y los doscientos cubatas de mas, porque sin cubatas creo que no habría habido forma de soportar lo que de hacerse en una horita seria algo maravilloso.
Claro que como todos sabemos, si algo está mal siempre existen posibilidades infinitas de que aun empeore, además del lento barco, los canapés resecos, las bebidas calientes y los compañeros de viaje que me importaban tres carajos pero que trataban de ser lo mas simpáticos y agradables sin conseguirlo y sin que nadie se lo pidiera, lo peor del viajecito fue que entre los compañeros medios de información invitados estaban las dos televisiones locales. Si, he dicho dos, porque mi pueblo era el mas moderno del país y tenía entonces dos televisiones locales, cutres, pero televisiones con sus dos camaritas jartibles cada uno. Si hombre, dos cada uno porque con una no tenían bastante para dar el porculo a los demás.
¿Se imaginan lo que es estar durante mas de doce horas con cuatro cámaras de televisión en un lugar cerrado y con reservas de baterías para todo el día?. Por lo menos para mi ese es el peor castigo que puede existir en esta mundo. No pude estar tranquilo en todo el día, solo pensando cuando me estaban enfocando alguno de los cuatro monstruo, porque además como tenían escasez de programación y ya me imaginaba que del viaje harían un programa de dos horas que si tenía suerte solo saldría tocándome la nariz o los cataplines. ¿Saben lo que es estar un mes o dos en el pueblo con todos recordándote lo mucho o lo poco que comes?. ¿Imaginan lo que es estar durante tantas horas en tensión, porque a mi una cámara me pone en tensión pensando en lo que estaré haciendo y cuando estará enfocándome?. ¿Se pueden imaginar tener que decir cuatro veces que el cartel es muy bonito, que el viaje maravilloso y que lo habíamos pasado de puta madre?.
Les puedo asegurar que cuando pusieron en antena el programa Gran Hermano me acordé de aquel infausto día y me compadecí de todos los concursantes, porque por lo menos para mi fue una verdadera tortura, como también ahora comprendo a todos aquellos famosos que se quejan de tener treinta cámaras todo el día a la puerta de su casa.
Nota: Ahora que todas las televisiones están a la caza y captura de un programa nuevo les recomiendo que cojan un barco que no sea muy grande, lo rellenen de cámaras, metan dentro unos pocos de voluntarios y verán que divertido. Ah, por la idea no les cobraré nada, pero que a mi no se les ocurra llamarme para participar si no es en un hotel de cinco estrellas.

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